27 dic. 2010

Plataformas a distancia: el desafío de la educación universitaria

En esta última década, las universidades han comenzado a experimentar opciones de integración de nuevas tecnologías en sus sistemas de enseñanza.  Una de las herramientas más utilizadas es la plataforma a distancia, una especia de “auxiliar de enseñanza” que complementa las prácticas en la educación presencial, y constituye una muy buena plataforma para la educación a distancia.
En un comienzo, las plataformas se conocían por sus sofisticados sistemas tecnológicos y de diseño, los cuales las tornaban terrenos hostiles a todos aquellos no familiarizados con su uso. Asimismo, esas plataformas eran producto de importantes empresas tecnológicas que invertían ingentes sumas en un terreno que se mostraba promisorio.
Plataformas como Blackboard, Webct, HighLearn o Trainet se mostraban como portentos tecnológicos que, como toda solución de ese tipo, prometía por sí misma sustantivas e inmediatas mejoras en las tareas docentes.
Las herramientas de OpenSource, y específicamente la plataforma Moodle, lograron romper aquella incipiente hegemonía con una solución simple, flexible, transparente y… libre de licencias. Y si bien Moodle requiere hoy día para su implementación por una institución de servidores y de servicio técnico propio – lo cual pone en cuestión el ahorro económico efectivo – al día de hoy una gran cantidad de universidades en América Latina, Europa e Israel, mudan a esta nueva opción.
¿Qué usos tiene una plataforma de enseñanza en el ámbito universitario? En apretada síntesis:
1.    Comunicación con los alumnos, de manera fluida y segura – tanto para enviar mensajes como para entregar y devolver trabajos, ejercicios y demás. La plataforma es transparente, más confiable que un mail.
2.    Almacenamiento de Información: El docente puede “colgar” en la plataforma los programas, apuntes de clase, ejercicio, etc.
3.    Actividad didáctica, mediante la implementación de foros de discusión y actividades, que enriquece la enseñanza, complementan el trabajo presencial, reemplazar actividades en clase, etc.
4.    Administración de calificaciones, mediante un sistema “a medida” del docente, que puede definir el porcentaje de la calificación correspondiente a cada trabajo o actividad en el cuatrimestre, y al finalizar recibir una planilla completa de su clase.
Las plataformas ofrecen hoy herramientas sofisticadas de enseñanza, posibilidad de organizar web-conferencias, calendario personalizado, posibilidad de elaborar informes pormenorizados, además de ofrecernos un panorama exacto de su uso por parte de los alumnos.
No obstante, diferentes investigaciones muestran que la mayoría de los docentes universitarios sub-utilizan las plataformas. En general, la mayoría utiliza las funciones de almacenamiento y comunicación (1-2) en menor medida las pedagógicas (3) y en muy poca proporción, las administrativas (4). La paradoja es que no aprovechan la que puede resultar de mayor practicidad. La preocupación es la falta de interés predominante por una utilización pedagógica racional de las mismas.
Entonces, ¿es recomendable implementar plataformas tecnológicas en las universidades? ¿Y cómo estimular su uso adecuado por parte de docentes?
Es necesario trabajar en por lo menos tres dimensiones:
·         En el nivel individual, es necesario implementar sistemas permanentes de actualización y asesoramiento a los docentes en el uso de las herramientas, que incluyan componentes tecnológicos y pedagógicos.
·         En el nivel de departamento o área, es recomendable estimular proyectos de investigación en los cuales el uso de la plataforma tenga protagonismo.
·         En el nivel institucional, es deseable implementar sistemas de estímulo a la enseñanza, que incluyan de manera clara y explícita la utilización de este tipo de herramientas que pueden significar la inversión de tiempo y esfuerzos adicionales a los habituales.

En síntesis, las plataformas tecnológicas constituyen herramientas muy útiles para el docente universitario. Bien utilizadas pueden contribuir a mejorar la enseñanza, la comunicación con los alumnos y la administración de los cursos. La inversión requerida para su implementación está ampliamente justificada.
Espero sus comentarios.

Marcelo I. Dorfsman

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